1. El Consuelo de mi Suegra


    Datte: 08/02/2019, Catégories: Tabou, Mature, Anal

    A mis veintitrés años me he convertido en uno de los enólogos más jóvenes de la comarca. Bien es verdad que el hecho de tener como novia a la hija del dueño de la bodega ayuda bastante, no digo que no, pero no es por no quitarme méritos… desde pequeño he “nadado” en vino y se puede decir que puedo valorar y catalogar mejor que muchos de los experimentados profesionales que conozco. Provengo de una familia humilde, pero muy trabajadora y casi todo lo aprendí de mi abuelo, un hombre que sabía todo en torno a este mundo y esa fue mi mejor baza para poder empezar en la bodega de mi futuro suegro. Me contrataron a prueba con 20 años, en un principio, gracias al nombre y prestigio de mi abuelo, pero después se puede decir que fui ganando la confianza de mis superiores con mi tesón en el trabajo y mi gran interés por conocer más cada día en este apasionante mundo. Así es como a los pocos meses logré entrar a trabajar en el laboratorio y fue allí donde conocí a Sofía, mi chica, la hija de los dueños.Sofía me pareció una chica muy interesante en el primer impacto visual. Es cierto que no es un bombón ni nada por el estilo, pero tiene un no sé qué que para mí resulta tremendamente atractivo. Ese primer día en el laboratorio que me encontré con ella, me pareció muy sexy. Llevaba una bata blanca y estaba atareada rellenando un informe. Recuerdo que esa pose ya me encandiló, viéndola enfrascada en un microscopio, sentada en un taburete con sus piernas cruzadas y aquella melena negra ...
     larga que brillaba tanto como sus ojos. Levantó la mirada y esos enormes ojos negros contactaron con los míos dejándome atontado.- ¡Uy!, hola no te había visto. - me dijo levantándose del taburete de un gracioso saltito.- Hola.- Soy Sofía, tú debes ser... - me sonrió esperando mi respuesta.- Yo soy Víctor. - respondí dándole dos besos.Aquella chica, apenas dos años menor que yo, resultó ser, aparte de mi nueva jefa, la encargada de darme las pautas de ese laboratorio y la que me iría enseñando algunas cosas nuevas que yo desconocía del vino, no solamente desde el punto de vista del sabor, el color, el aroma... sino a entenderlo desde su parte más técnica, a saber los porqués de sus reacciones químicas... Ella apenas tenía experiencia y escasos conocimientos, pero los pocos que tenía los fue compartiendo conmigo. Yo estaba encantado de tener a aquella joven y simpática profesora. Poco a poco, aparte de buenos compañeros, fuimos entablando una gran amistad y al cabo de un mes ya estábamos compartiendo algo más que mesa de trabajo y tubos de ensayo.A modo de juego, recuerdo cómo le iba robando besos a mi compañera de mesa, justo cuando nos quedábamos a solas en el laboratorio, aunque tengo que confesar que la mayoría de las veces era ella la que me atacaba a mí, incluso habiendo gente cerca, algo que me ponía nervioso, pero al tiempo ese juego a escondidas resultaba muy morboso. Recuerdo aquella vez que hablábamos con uno de los encargados frente a nosotros sobre un problema con una ...
«1234...50»